domingo, 4 de diciembre de 2016

Cuesta arriba

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"Algunos viajes son directos y algunos son tortuosos; Algunos son heroicos y algunos son temerosos y confusos. Pero cada viaje, honestamente emprendido, nos brinda la oportunidad de viajar hacia el lugar donde nuestra profunda dicha se encuentra con alguna profunda necesidad del mundo" —Parker J. Palmer

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Gracias a Clarisse Meyer por la imagen (clic sobre ella para más info.)
Hay una cuesta, en la ruta que hago con más frecuencia cuando salgo a correr, que siempre es exigente.

No importa lo en forma que esté, pasar por ahí significa corazón galopante, pulmones agitados y ácido láctico quemando las piernas.

En esas andaba esta mañana cuando, justo antes de conquistar la cima, en el instante que iba más exigido, un oportuno accidente ocurrió: el cordón de una de mis zapatillas se soltó.

Atarme el cordón fue la excusa perfecta (no vaya a ser que lo pise y termine en el suelo) para tomar un pequeño descanso.

Y atándolo estaba cuando un relámpago de inspiración cruzó mi mente.

La vida te da lecciones donde menos lo esperas, y en ese momento decidió que aprendiera algo.

Ese travieso cordón me permitió tomar un respiro, alivió el padecimiento por el cual estaba pasando.

Pero también, ese pequeño accidente impidió que realizara un mejor entrenamiento.

La condenada cuesta, su dureza, no es mi enemiga, es mi amiga. Superarla sin detenerme me ayuda a mejorar mi condición física. La agonía que produce, beneficia.

Hay algunos momentos en la vida cuando nos vemos inmersos en difíciles retos. Se presenta una cuesta que nos pone a prueba.

Y también, en ocasiones, en medio de esas difíciles circunstancias, deseamos que algún cordón se suelte, que alguna oportuna fatalidad se presente y nos excuse de tener que dar esa batalla.

Si la desgracia se presenta, nos exime de luchar. Podemos abandonar con el honor intacto.

“No fue mi culpa, fue el destino el que lo quiso así”.

Es el caso del estudiante que desearía que una fuerte gripe le impidiera acudir el día señalado a ese trascendental examen.

El profesional que en secreto reza para que un apagón eléctrico le evite tener que dar una presentación ante clientes vitales para su compañía.

O la novia indecisa que piensa que si un familiar fallece, la boda se tendría que aplazar y así tendrá unos días mas para aclararse.

A Parker J. Palmer desde muy joven le auguraron un futuro brillante dentro de la academia. Su liderazgo y capacidad intelectual lo situaba como un candidato perfecto para presidir alguna de las universidades más prestigiosas del mundo.

Pero Palmer no opinaba lo mismo. Adoraba enseñar, pero le disgustaba verse en medio de la politiquería y las luchas de poder que hay dentro de las universidades.

Así que abandonó lo que cualquiera consideraría una carrera con un futuro brillante. Durante toda una década estuvo viviendo en una pequeña comunidad religiosa trabajando con cerámica y enseñando a pequeños grupos.

La gente no entendía, ni siquiera él mismo lo hacía, como alguien con un doctorado y un futuro tan ilustre por delante podía abandonarlo todo para dedicarse a hacer platos y tazas.

Ese desconcierto cobró un alto precio. Parker Palmer entró en una profunda depresión. Y en medio de esa oscuridad comprendió una dolorosa lección:
Uno de los más dolorosos descubrimientos que hice en medio de la oscuridad del bosque de la depresión, fue que una parte de mi quería permanecer deprimido. Mientras permaneciera aferrado a esa muerte en vida, todo sería más fácil; se esperaría muy poco de mí y ciertamente no se esperaría que sirviera a otros.

… no había comprendido la perversa comodidad que en ocasiones obtenemos de la muerte en vida, eximiéndonos a nosotros mismos del desafío de usar nuestros dones en servicio de otros.
La depresión fue el cordón suelto en la vida de Palmer. Permanecer deprimido era la excusa perfecta para no enfrentar los retos que la vida le estaba poniendo enfrente.

Cuando estemos en medio de una difícil prueba, no imploremos por contratiempos que nos alivien la carga. Pidamos má fuerza y coraje para seguir avanzando sin detenernos.

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