lunes, 6 de octubre de 2014

Cultivando una buena amistad, os ayudaréis a aprender, creer y transformaros

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-10-06/ni-amabilidad-ni-nada-ser-buen-enemigo-la-clave-real-de-la-amistad_225243/ 
Toda relación de amistad debería conllevar cierto grado de confrontación, eso sí, constructiva. (Corbis)
En Elige la vida que quieres (Alienta), el profesor de psicología positiva de la Universidad de Harvard Tal Ben-Shahar aborda 101 de las pruebas y dificultades más comunes a las que tiene que enfrentarse el hombre a lo largo de su existencia. En el capítulo que reproducimos a continuación, el psicólogo nos explica que la amistad no consiste en dar la razón a nuestros compañeros por defecto, sino en ser capaces de transformarlos para mejor.
El que lucha contra nosotros fortalece nuestros nervios y agudiza nuestra habilidad. Nuestro antagonista es nuestro ayudante.
Edmund Burke

En su ensayo AmistadRalph Waldo Emerson escribe que en un amigo no busca las “concesiones” o la “conveniencia trivial” del que está de acuerdo con todo lo que uno dice Lo que busca, sin embargo, es un buen enemigo que le cuestione y le desafíe, que le realce y le eleve. Una persona que sólo quiera ser “amable” y apoyarme, sin resistirse ni enfrentarse nunca, no me ayuda a mejorar ni a crecer; una persona que sólo discuta todo lo que hago y digo sin mostrar afecto ni colaboración es antagonista y dura. El verdadero amigo tiene que ser amable y mi enemigo al mismo tiempo.
La idea de un enemigo bueno no sólo se refiere a la relación íntima con un amigo o la pareja, sino a todas las relaciones, profesionales y personales. Si queremos ayudar a los demás, tenemos que atrevernos a ser honestos y sinceros y, al mismo tiempo, ser empáticos y sensibles.
La buena amistad
En el Talmud hay una historia sobre Reish Lakish, un salteador de caminos que atracó al rabino Yochanan. El rabino pensó que Lakish podría dirigir sus cualidades –fuerza, tenacidad, persistencia y audacia– al estudio de la Torá y a la realización de buenas obras. Convenció a Lakish de que cambiara de vida, y Lakish se convirtió en su compañero de estudio.
Cultivando una buena amistad, os ayudaréis a aprender, creer y transformaros
Los dos eran buenos amigos uno del otro, y cada uno de ellos desafiaba y presionaba al otro para expandir sus aspiraciones y expectativas. Trabajando juntos se convirtieron en los mejores estudiosos de su generación. Cuando Reish Lakish murió, al rabino Yochanan le propusieron un nuevo compañero de estudio, un magnífico estudiante, pero le resultó demasiado complaciente, demasiado conformista. El rabino Yochanan no se recuperó nunca de la pérdida –echaba profundamente de menos la actitud desafiante de Reish Lakish, su incesante cuestionamiento y su inquebrantable búsqueda de la verdad.
Una relación entre buenos enemigos es transformadora. Los amigos no sólo comparten conocimiento, se transforman: cambian radicalmente la forma de ver el mundo y a sí mismos.
Conviértete en un buen enemigo de los demás y anímales a hacer lo mismo contigo. Cultivando una buena amistad, os ayudaréis a aprender, creer y transformaros.

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