lunes, 21 de abril de 2014

Nuestra mente

http://enbuscadeantares.com/2014/04/21/nuestra-mente-es-como-un-cachorro/ 

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Hace tres meses, mi esposa y yo adoptamos un cachorro. Desde entonces y poco a poco hemos ido educando a Roger que resultó ser un perro muy listo y entendido pero que derrocha energía; todo el tiempo quiere estar jugando. Es por eso que yo intento sacarlo a correr todos los días y al hacerlo he observado un comportamiento que me llama mucho la atención.
Apenas abro la puerta de la casa y él sale a toda velocidad hasta que la correa lo frena; vamos caminando y se distrae con cada objeto que está en el suelo; llegamos al parque y cuando comenzamos a correr sale como despavorido jalándose y jalándome constantemente; ve un perro y quiere perseguirlo; ve a alguien en bicicleta y quiere brincarle; se cruza por delante de mí y hasta dos o tres veces hemos estado a punto de visitar el suelo;se me enreda entre las piernas; quiere cambiar de dirección y esporádicamente se golpea con objetos que no ve por estar atendiendo otra cosa.
-¡Pobrecito!, él no se da cuenta que así se cansa más, que se puede llegar a lastimar y que incluso puede llegar a propiciar un accidente, pero ¿acaso nuestra mente no se comporta de una forma similar todos los días?
Nos bañamos y olvidamos si ya nos pusimos shampoo, buscamos las llaves que tenemos en las manos, nos pasamos una salida en el camino, no vemos al ciclista que está por dar la vuelta, olvidamos un papel en la casa, se nos pasa desayunar, no saludamos al compañero de trabajo, olvidamos adjuntar el archivo en el correo, decimos y hacemos cosas sin pensar, le damos un llegue al coche de adelante por ir revisando los mensajes en el celular, omitimos preguntarla a nuestra pareja como estuvo su día, se nos pasa la hora de dormir viendo la televisión, etc., etc., etc.
Lo anterior nos demuestra como nuestra mente no está entrenada para ser funcional y aunque nos neguemos a creerlo, basta con observarla por unos cuantos minutos para darnos cuenta que esta viaja al pasado (qué hice o qué no hubiera querido hacer) y al futuro (qué tengo que hacer o qué quiero hacer) inadvertida y constantemente. Y es precisamente en esos repetitivos cambios de foco que dejamos de atender el presente; el aquí y el ahora.
Es así de simple. Tal y como Roger va de lado a lado y se jala y se frena cuando salimos a correr sin percatarse de lo poco conveniente que es ese comportamiento por las razones anteriormente expuestas, así nuestra mente también se agita viajando incesantemente y llenando de pensamientos nuestra consciencia que nos llevan a dejar pasar cosas que incluso estamos viendo.
Les platico todo esto porque la semana pasada escribí sobre como la meditación nos ofrece la oportunidad de reconfigurar nuestro sistema (nuestro cerebro) pero, ¿qué es y cómo nos ayuda esta milenaria técnica introspectiva?
Sin duda existen muchas creencias y mitos alrededor de la meditación: hay quienes piensan que es meramente un ejercicio de relajación, quienes creen que el objetivo es poner la mente en blanco o  quienes asumen que se trata de imaginar nuestro lugar favorito y ahí ser felices. Pero la verdad es que la meditación es algo mucho más complejo y profundo que eso.
Por ejemplo, para el budismo tibetano, la meditación es una poderosa herramienta que nos permite cultivar estados mentales positivos y poderosos, en donde el objetivo primordial es que nuestra mente se familiarice con un objeto y que pueda mantener la atención sobre este clara y puntualmente.
Si bien para esta tradición espiritual existen dos tipos o clases de meditación con diferentes fines (Shamata y Vipassana), se puede decir que uno de los principales beneficios que la práctica ofrece es la posibilidad de reentrenar nuestros hábitos atencionales. Y por increíble que parezca, alguien que medita con regularidad, literalmente está cambiando la forma y la funcionalidad de su cerebro a través de la neuroplasticidad. Es como dice Daniel Goleman, la atención trabaja de la misma forma que un músculo: si lo usamos mal, puede marchitarse, pero si lo trabajamos, crece.
Así que ya lo sabes, si no quieres que tu mente se comporte como la de un cachorro, entrénala.

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